La pila de evidencia. Las fotos de la escena y los daños (los originales en su teléfono valen más que impresiones); el reporte o su número y agencia; su tarjeta de seguro y la página de declaraciones si la encuentra (esa página contesta la pregunta UM/UIM en el momento); los datos del otro conductor; nombres y teléfonos de testigos.
El rastro médico. Los papeles de alta de la clínica o del JFK, los resúmenes de citas, las referencias, las etiquetas de recetas — lo que exista. Los fragmentos fechan la historia del tratamiento, y la oficina se encarga de juntar los expedientes desde ahí.
El tráfico de aseguranzas. Cada mensaje de voz, carta y texto de cualquier ajustador — contestado o no. Las ofertas ya flotadas nos dicen cómo lo tasaron; los pedidos de declaración grabada nos dicen qué apagar primero.
La página suya. Antes de la cita, escriba el choque con sus palabras: fecha, hora, el sol, los carriles, qué vio y qué le duele desde esa noche. Diez minutos hoy conservan el detalle que seis meses van a lijar. Es para su expediente, no para una corte — honestidad sobre pulido.
¿No tiene casi nada? Venga igual. Un choque de anoche en la 86 con cero papeles es mejor consulta que un expediente de seis meses — la lista de arriba se convierte en el plan que armamos juntos, y el reporte, los expedientes y las declaraciones se piden como parte de tomar el caso. De Pueblo Viejo a North Shore, el primer paso es la misma llamada gratis: (760) 289-3514.
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